miércoles, 9 de octubre de 2019

Un viaje en el tiempo con «Antonia, tu nombre es una historia»

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Por Liz Yanira Del Valle Huertas
Colaboradora
La máquina del tiempo. En algo parecido se transformó la Sala de la Facultad durante la presentación del libro Antonia, tu nombre es una historia del jurista y escritor Hiram Sánchez Martínez.
El ex juez, fue invitado por iniciativa de su compueblana (Yauco), la Dra. Amalia Lluch, catedrática de literatura de la Facultad Interdisciplinaria de Estudios Humanísticos y Sociales (FIEHS) quien catalogó la obra como una gran investigación histórica no tan conocida por las nuevas generaciones estudiantiles escrita “de forma sencilla tal y como es su autor”.
Como parte de la actividad, el Prof. Nelson Hernández Román, catedrádico de Historia de FIEHS, presentó una acertada y minuciosa ponencia sobre el valor y la importancia del texto mencionado dentro de su contexto histórico y político de la época.
Antonia es “una robusta narración que explica la época histórica del Puerto Rico de cinco décadas atrás, de las luchas estudiantiles de una generación contestataria, del ambiente político, educativo y policial, y de la vida y trágica muerte de una joven universitaria arecibeña de unos veintiún años en marzo del 1970”.
resaltó Hernández Román.
Según el historiador, la oposición a la Guerra de Vietnam, el rechazo al entonces Servicio Militar Obligatorio y los choques entre las agrupaciones estudiantiles que reclamaban la salida del ROTC (Cuerpo de Entrenamiento de Oficiales de Reservas) dentro del campus de la UPR/Río Piedras capitalizaban la cobertura mediática local de la época.
“Una generación de jóvenes críticos, reflexivos, enérgicos y rebeldes objetaron y cuestionarion creencias, prácticas y tradiciones de lustros y décadas. La generación del amor, la música y la simbología pacifista sacudió las estructuras de muchas instituciones. Aumentaba una generación joven de ideas liberales y radicales y, por otra parte, el sector asimilista se robustecía electoralmente y su juventud se sentía envalentonada y estaba dispuesta a defender lo que entendía que eran los intereses del gobierno de Estados Unidos”.
explicó Hernández Román.
El incremento de la violencia entre cada uno de los bandos se intensificó precediendo así la trágica muerte de Antonia Martínez Lagares a mano de un oficial de la policía aún no identificado.
Sobre el tema, se presentaron recortes de periódicos, fotografías y un video sobre las luchas universitarias de ese momento las cuales, según el académico, no estaban aisladas de las desarrolladas a nivel mundial.
Luego de brindar detalles sobre el momento en que asesinan a la joven en un balcón del hospedaje de otros compañeros estudiantes que le cobijaron en el momento del caos provocado por la persecusión policiaca, el historiador  resumió el legado de esos acontecimientos entre los que destacó “la conversión de las universidades como centros de desarrollo del pensamiento crítico y reflexivo, y no meros lugares de reproducción de principios y prácticas del pasado que no necesariamente se adecuan a las transformaciones del tiempo”.
Por su parte, el exjuez Hiram Sánchez Martínez compartió con los presentes su vivencia personal junto a Antonia Martínez Lagares, desde el momento en que le conoció hasta el desgraciado día del infortunio.
Para el escritor, este Verano del 19 le recordó su época, ya que nuevamente los estudiantes han dado la cara por todo un país.


La Dra. Anuchka Ramos Ruíz, directora de FIEHS, agradeció al escritor su presencia y a su vez exhortó a los estudiantes a considerar la relevancia de la investigación y los relatos de la memoria como vías al aporte positivo y transformador de nuestra sociedad.
Ramos Ruíz entregó al jurista unos pasquines realizados por los estudiantes del Programa de Artes Visuales.

miércoles, 25 de septiembre de 2019

Qué es la oscuridad

Mi hija acaba de conocer a un muchacho que se presentó como escritor. Tiene algunos cuentos y poemas publicados en la Internet. Apenas han salido en dos ocasiones. Hoy, al llegar a visitarme, me dice que le resulta extraño que el escritor la textee para formularle preguntas que le resultan un poco raras. Antes le había preguntado cuál brisa le resultaba más agradable, si la del campo o la de la ciudad. Hoy solo quiere saber qué es la oscuridad para ella. ¿Y qué le contestaste? Nada todavía, por eso te pregunto.
Es que esa es una pregunta pendeja, pero no llego a decirle. Hago un silencio que si no es prolongado, lo parecería. ¿Por qué no le das la respuesta de diccionario y simplemente le dices que es la ausencia de luz? Sería muy simple, me responde, a lo mejor está tratando de esclarecer cuán profundo es mi pensamiento; un test de inteligencia.
Pues, mira, a lo mejor es un simple estudiante de un taller de creación literaria a quien el profesor le ha asignado la tarea de escribir un párrafo sobre ese tema sin mencionar la palabra «oscuridad». Si no lo fuera, ándate con cuidado porque entonces podría ser que esté mal de la cabeza.
Se levanta para irse y ya, desde la puerta, se vuelve y me dice: «Y para ti ¿qué es la oscuridad?». Pude haberle respondido que es andar por la vida sin metas ni destino fijo, sin saber a dónde vamos, marchando siempre a tientas y tropezones, pero no, simplemente le digo entre dientes, como para que no me escuche: «La ausencia de luz».

jueves, 29 de agosto de 2019

«Corruptionis abyectae»

El parte de prensa es claro:  los vecinos de Cupey en Río Piedras, hastiados de una invasión del helecho flotante denominado «Salvinia molesta»en el lago Las Curías, el cual impide sus usos recreacional y turístico, optaron por una solución radical: importar desde el estado de Luisiana un insecto para que se lo coma. Se trata del artrópodo picudo «Cyrtobagous salviniae», oriundo del sur de Brasil, pero comprobadamente efectivo en estos litorales.
No pude menos que pensar al leer la noticia «¡Diantre!, ¿por qué no se nos había ocurrido antes traer un insecto para ver si podemos acabar con la otra plaga de amplio alcance que atormenta a todo el país: la de la corrupción gubernamental?». Sabemos que en el Capitolio y en ciertas agencias públicas han estado creciendo unas especies parasitarias del tipo «Corruptionis abyectae», que parecieran pegadas con Crazy Glue a sus escaños y escritorios, y que por la historia reciente —la de los últimos treinta años— se ha dedicado a multiplicar sus fortunas personales a base de prebendas, de la concesión de canonjías, de la aceptación de sobornos y de millonarias mordidas. Si aquella plaga no se le resiste al impulso devorador del artrópodo picudo, a lo mejor, en la misma universidad donde los cupeyanos encontraron el efectivo insecto, pudieran decirnos dónde conseguir otro de tan efectivo impacto contra el «Corruptionis abyectae».

domingo, 13 de enero de 2019

Texas mom strikes again

Un chamaquito de catorce años de un pueblo de Texas quiso darse una trilla del caráh en el BMW nuevo de su madre y, aprovechando que ella estaba trabajando fuera, se lo llevó del garaje sin permiso. La madre no lo notó porque el manganzón desconectó el Wi-Fi para no ser detectado por el sistema de seguridad de la casa que servía, entre otras cosas, para alertarla en su celular sobre posibles escalamientos, ya que recibía avisos cuando alguna puerta de la casa se abría.
Con lo que el jovencito no contaba era con que la mamá de su mejor amigo, a quien él fue a recoger para continuar de juerga en el BM nuevo, llamaría a Lisa Martínez —que es el nombre de la madre del teenager y latina, de seguro— para avisarle de lo que sucedía.
De inmediato, doña Lisa abandonó su lugar de trabajo y comenzó la búsqueda del hijo hasta que lo encontró transitando felizmente por una vía principal. Entonces, se le pareó, le ordenó que se detuviera en el paseo, se bajó del carro empuñando una correa gruesa y larga de cuero, abrió la puerta del conductor y allí mismo, a la vista de todos, le entró a correazos. Luego colgó la grabación de «la pela» que le dio al muchacho en las redes sociales y, ya en su casa, le removió de sus goznes la puerta del cuarto de su hijo y le «confiscó» todos sus aparatos electrónicos. Castigos sin fecha de expiración, que es como Dios manda para casos tan extremos como este.
Como podrán imaginar, las redes no tardaron en explotar (esto es lo que trae la masificación de la comunicación por Internet) y todos comenzaron a opinar a favor y en contra de lo que esa madre había hecho para ponerle vergüenza a su hijo. Unos decían que eso era maltrato de menores y que debía enviársele a ella a prisión. Otros la aplaudían, y algunos hasta fueron más lejos al criticarla por ser tan blandengue porque debió haberle llamado a la policía para que acusaran al menor de robo vehicular. Yo, por mi parte, me mantuve en las gradas leyendo esta gran porfía y recordando cuando nuestro padre —a mis hermanos y a mí— nos daba «cuatro correazos bien dados» a mitad de espalda, mientras nos mantenía de rodillas en el balcón de la casa, de frente a la calle, para que los transeúntes y pasajeros de quienes pasaran frente a la casa nos vieran y nos diera «vergüenza».
De modo que, después de todo, Lisa Martínez fue más generosa que mi padre, pues no sacó a su hijo al pórtico de la casa hincado de rodillas para, así, dar otro espectáculo humillante ante el vecindario. Total que ni imaginarme puedo el castigo que me habría impuesto mi padre de yo haberme «robado» su viejo Studebaker, que se estaba cayendo en cantos de moho, para darme una trillita del caráh por el barrio.